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18.1.12

Afrodita plastificada

Mirá cada pieza que hay en vos y decime qué es lo que vas a compartir. Elegí bien las letras que me vas a escribir. luego de un tiempo lee el bello cuento que me regalaste y que tu ser te diga sí lo que hacés es lo correcto. ¿Será tu mejor creación?. Ojalá que hayas quemado tus neuronas para escribirme cada letra de tu juego. Pudimos estar tan bien juntos. Pudimos haber estado tanto tiempo. Tuviste de mí, las más crueles verdades, la exposición de mi estado y apretaste las manos, dejaste todo abollado. Floreció esta hermosa flor, la que plantaste en mi interior y poco a poquito fuiste cuidando para que cresca sana y fuerte. Aprendí de vos la fiebre, esa fiebre tan fuerte que hablaba en transpiración, esa flor, hermosa flor que mis ojos quedaron en llamado de atención, hipnotizados por esa afrodita, nunca la observé, de plástico era, solito me quemé. ¿Por qué me hiciste ese regalo?, ¿Debo sentirlo así?. Mirá con tu corazón y decime las verdades que nunca contaste, animate.
Me pedís calma y tranquilidad, no creo que puedas ver el estado que soporto, ese que tapo con serenidad. Creaste de mi la ficción y de tu cuento nada se puede creer. Imité tu voz y supe quién sos vos. Este cuerpo se regenera, pero las cicatrices quedan, esas duelen, aunque queden, no puedo curarlas, fue mi falla, por embelesarme por tu flor, ese cuento de ficción.

3.11.11

Linda, ella, Linda


Tiene el orgullo de su padre, la tenacidad de su madre, el arriesgarse de su hermano, el compañerismo de su hermana. Ella tiene las facciones de su padre, pero idéntica a su madre. Ella es tan serena, tan llena de pena. Tiene los juguetes de cuando era nena, tiene los regalos en su caja vieja. Ella tiene algo raro, algo tan preciado, su familia nunca se ha divorciado, pero está triste, no sabe disimularlo.

Y fue cuando el encuentro lo causé. solo quisiera que este ángel pueda brillar, sonreír con verdadera naturalidad. Linda, voy a estar acá, de verdad, acá voy a estar, listo y dispuesto para escuchar, darte mi abrazo sí lo necesitas con veracidad. Linda, acá estoy, para cuando no puedas aguantar, necesitas mostrarme tal cual, con ira y perplejidad, no me voy a ir para que lo puedas sacar.

Ella tiene los ojos claros de su abuelo, el pelo de su abuela, viene las manos de su tía, la voz muy parecida a su prima. Ella visita y visita, demuestra que los quiere, los elige porque eso es lo que siente. Ella no se inhibe facilmente, solo quiere ser más fuerte y resguardarse en sus familiares, despejar su abrumada mente de hechos que la la consume.

Necesitás que te escuchen, por eso me vuelvo a acercar, liberarte de o que ves mal. Pero mirá a tu alrededor y ve con observar la realidad. Siempre estás reunida, huyendo con tu familia, unida porque está viva. Y vivís en esta vida, siendo ellos tu motor.

Linda, no mires tanto como son las cosas en negatividad, dejalo para después. Es tan bello verte reír, ver que puedo sanarte, ver tus cejas sin cerrarse.

30.4.11

Lugares visitados

Estaba a un lado, en otro lugar indicado. Esperaba tu presencia, sabía que estabas retrasada, volví, abrí mis ojos y no estabas ahí, ¿me habré adelantado?, ¿te habrás extraviado?, ¿siquiera saliste de tu cuarto?.

Primer lugar visitado: Ya pienso que me andás remplazando, no puedo aguantarlo, mi cuerpo quiere expresarlo, ¿qué estás ocultando?. No te veo aunque te espere, no te encuentro, no paro de maquinar. Debí frenar, no adelantarme tanto, reservar. Estás aquí, se que es así, aunque no te pueda ver.
Mi todo, mi chica, mi amor, mi alma, mi realidad, me dejaste, no puedo parar de pensar, estoy cansado, no puedo frenar, aunque sepa que me hace mal.

Segundo lugar visitado: Te perdí, no lo deo de asumir, no dejo de ver tu rostro en todo los otros rostros. La extraño, ¿cuándo llegaré?, ¿cuánto más esperaré?. Creo merecérmelo por los grandes daños que te hice pasar. Recorro nuestro refugio, pero más solo me siento, esto es peor. Te busco en el laberinto, pero no te encuentro. Te necesito, así aprender de lo que hice mal.

Tercer lugar visitado: Mis piernas no quieren más, reflexiono de todo, no te quiero dejar, solo encontrarte y amarte, de verdad, con madurez, sin estupidez. Comienza a llover, cansado ni se qué hacer. Pensé que agonizaba, pero sola ahí estabas parada en la puerta de mi casa.

-Febrero 2011-

9.2.11

Muerte en el río

Aunque estaba lloviendo fuerte, el niño salió a jugar al río. El niño nunca tuvo la idea que los ríos crecían y se volvían más fuertes. Y jugó como siempre lo hacía. Su madre se tomó su siesta de todos los días, pero su cansancio pesado la dejó durmiendo en un profundo sueño y el niño escapó a su aventura. Se desvistió y en el río se metió, quería probar esa nueva experiencia, pero la lluvia se enojó, más fuerte el río descendió. Fue arrasado por el hermoso río, pero atrapado por rocas, cuales se destiñó el color sangre. A los siguientes días, encontraron su cuerpo flotando, con la espalda al descubierto, con mitad de su cabeza dentro, brazos y piernas en dirección a lo profundo y todo dañado.

Se lo recuerda en una tumba hecha de rocas por hecha por su madre, quien su dolor no cesa, quien se culpa y visita todos todos los días a darle largos minutos de rezo. Ahí, enterrados sus restos y los objetos más preciados. Pero ha de encontrarse el cuerpo de la mujer tendido, sin vida, sin daños, en una charco de agua. Muerta, con uno de los objetos de su niño abrazado.

29.12.10

El latido y la lluvia

Bimorí= Niebla [Tarahumara].
Tlayolotl= Corazón de la tierra. [Nahua].
Nakawé= Dueñas de las estrellas y el agua [Huichol].

¿Porqué Nakawé está tan sola?. Porque Bimorí esparcía su niebla. Tlayolotl escribía sus poemas de día, a la noche esperaba recitarlos en un cielo estrellado, donde en los lagos se veían reflejados. Cuando terminaba se metía al agua y ahí, tranquilo y en silencio, se quedaba. Tlayolotl sabía que así era la única manera que ella sienta su cuerpo. Sus palabras estaban escritas y siempre esperaba a que este hecho se repitiera.

Bimorí estaba celosa y comenzó a esparcir su niebla y taparle la vista, impidiendo que se reuna con Nakawé, porque quería a Tlayolotl solo para él, entonces le dijo que para volver a verla, tenía que ir al corazón del planeta para evaporar la niebla y, así, que le recitara, nuevamente, todo sus poemas.

Tlayolotl preparó sus cosas y se aventuró al centro del planeta. Pasaron los días y él siguió adentrándose más y más, pero tarde se dió cuenta que no podría volver y que Bimorí le había engañado para quedarse con ella.

"¿Cómo existe la Soledad?.". Porque el silencio se cansó de silenciar y no hay más sonidos que se vuelvan a recitar. Todos tienen miedo hasta de pensar, porque Bimorí se podría enojar.

Por eso la lluvia es la que llora desde entonces, porque Tlayolotl quedó atrapado en el corazón de la Tierra y nunca más podría volver. Nakawé siempre llora y forma las aguas, porque ya no tiene quién le escriba y recite poemas. Nakawé lo busca cada noche y no lo encuentra, y vuelve a llorar, produciendo la lluvia.

Ambos saben que nunca volverán a estar juntos, qué Tlayolotl nunca saldrá del centro del mundo y que Nakawé llorará siempre que no lo encuentre. Pero Nakawé escucha con atención los latidos de la Tierra.

Previo: El latido y la lluvia

¿Cómo este chico está en Soledad?. Porque Bimorí imedía que viese a Nakawé. Tlayolotl siempre intentaba ver y recitarle los poemas que inventaba a su estrella Nakawé. Pero Bimorí se sentía celosa, porque nunca le dió la atención que ella quería. Tlayolotl escribía y escribía, pero Bimorí lo observaba y a la noche lo seguía, donde él le recitaba sus poemas a su amada Nakawé. Ellos, desde que se conocieron, quisieron estar juntos lo más posible, pero nunca podían tocarse, por la maldición que había entre ellos dos.

Vivían en dos mundos distanciados, sabían que al trasladarse, en algún momento bien cerca iban a estar, en ese espacio frío, vacío y sin nadie que pueda voltearse a mirar. Este chico miró la estrella que tanto anhelaba alcanzar, pero siempre se estiraba para llegar. Unas mujeres celosas intentaron que no vuelva a estirarme para guardarla en mi bolsillo, que me quede en este mundo y no recorra la distancia infinita entre el chico y su estrella.

La estrella se sintió mal, porque estas mujeres no lo dejaban en paz, sentía celos porque no lo podía tocar. El chico armó puentes, edificios inmensos, escaló montañas, pero nunca pudo, ni siquiera susurrarle. Este chico

¿Por qué las sombras están tan apagadas?. Porque su amante nunca apareció cuando más lo precisó. Las sombras estaban festejando su banquete, lleno de es estrellas.

12.12.10

Angustia encerrada

Se levantan las cejas en sus extremos y se bajan por el centro.
Los ojos un poco húmedos. No abiertos de par en par, sino hasta la mitad.
Su boca aprieta sus extremos hacia dentro,
levantando milimetricamente su labio inferior.

Sus orejas bajan la guardia y se achican sus hombros.
Sus huesos de su mandíbula inferior, sin darse
cuenta de movimiento, comienza a temblar.
Su sangre fue modificada en su transcurso habitual.

Lágrimas expulsó su cuerpo a la afirmación que no quiso dar a lugar,
pero la muerte en esta vida esta,
comprender que hay que valorarla y no cansarse de luchar...

Una catarata del medio de sus ojos mostraron
la angustia que ni pensó ocultar,
pues seria su reacción y de haberla soltado, no hubiese significado.

20.11.10

Fenix y Minotauro

¿Sentís el dolor que llora en mi interior?.
No tengo fuerzas, sin poder emitir sonido.
Es sangre desparramandome en cada sonido de mi voz...
No tengo conciencia, los ojos idos están,
con nada puedo reaccionar.

Fue un principio dificil, hicimos de cenizas al Fenix Dios.
Duelen estos sentimientos, poco a poco se degarran
el alma esta tan vacía, tan vacía de tanto dolor...
Siento una gran depresión en cada momento de oír tu voz,

Pero soy el Minotauro y me quedo en este callejón.
Ya pasaron inviernos y veranos, hoy día estoy fuera de vos.
Estuve pensando en separarme, tu mentira es de gran olor.
Cada momento es veneno que palipta mi corazón.

Marcharme de vos, divorciarme de esta descepción.
¿Qué confianza puedo cobijar?, ¿qué es verdad?.
Soy solo un instrumento de distracción,
un dulce hombre con sombra y dolor

Ares me venció, Enio conquistó, Atenas cayó.
Esta calidez ya no tiene espiritu, solo dolor.
No encuentro el camino mejor, dame una mano por favor.

17.11.10

Fenix al polvo

Poco a poco en mi vida fuiste creciendo, ardiendo mis ilusiones, mi pasado en amores,
Extendistes tus alas y me mostraste el largo que tu cuerpo puede alcanzar.

Preparé vendas y me cegué, guiándome por los cuatro sentidos a favor y caminé.
Entré en el laberinto oscuro, con antorchas tenues, con mis pasos resonando por el eco.
Pero aunque llame el Minotauro nunca estará, los mitos y leyendas no son reales son para jugar.
Pasillos prohiben bellos días acariciar con sus rayos tal oscuridad.

Me topé con cenizas que se consumieron en calor, ardieron de dolor,
el polvo se elevó, ardientes, las llamas reflejaron el lugar y un cuerpo resucitar.
Gran ave quiero que me lleves a volar y dejar de pensar, solo disfrutar,
Fenix, quemame, solo quiero volver al polvo.

Son estos los lamentos, absurdos sentidos.

25.10.10

Un sueño morir

Paso el sentimiento solo, sin poderme escuchar, caminando y caminando, mirando el suelo, chocándome con las personas, sin lograrme distraer. Y camino por esta multitud céntrica que se apura al caminar. Estoy entre tantos, muchos que ya no recuerdo cuál es cuál. Y mis distancias se alargan poquito a poquito, rompiendo la paradoja de Zenón, invirtiendo los intervalos, ni su flecha puede compararse, porque el sentimiento es diferente. Y sin darme cuenta estoy desgastando mi suela, estoy con mis zapatillas rotas, con mis pantalones gastandos, con mi remera fuera y mi barba crecida. ¿Por cuánto tiempo caminé?, ya no se, solo recuerdo que en algún momento empecé, pero no se. ¿Cómo empieza un sueño?, ¿acaso alguien lo recuerda?, entonces esto es un sueño del cual no hay pueras abiertas a la conciencia. Y veo edificios que se alargan y su altura es más ancha que las cuadras parecieran más largas, ya que el aire se acorta y no puedo respirar como debo... Paro y veo mi recorrido, me doy cuenta de mi estado, estuve perdido sin darme cuenta de la distancia, sin darme cuenta del tiempo, sin darme cuenta de lo que estaba sucediendo. Me recuerdo mi asma y comienzo a sufrir poquito a poquito comienzo a morir, sin respirar, asfixiándome sin que nadie me socorre. Me veo fundir, me veo fallecer, me veo caer en el pozo sin fin y mi alma elevarce de mi cuerpo, despidiéndose. No puedo respirar, me despierto y vuelvo a la realidad, en un cuarto oscuro, transpirando sin parar, del sofoco a dar a luz a mi realidad.

15.9.10

Llama

No importa cuántas veces intentes.
No importa cuántas veces intentes por las noches.
No importa cuántas veces intentes traer lluvia.
Son grandes y fuertes los sonidos del viento
chocar entre creaciones humanas y un
¡CRASH!-¡CRUCH! se parte la madera,
comienza a arder, a prender, a enrojecer.
¿Qué sucedió?, ¿qué sucedió?, ¿cuándo empezó?.

¿Sos la verdad?, ¿o solo mentiste para salvar?.
Quema y comienza a estallar, el aire se propaga
y vos quieta, disimulando ser discreta.
Pero fuiste vos quien probocó esto y no lo aceptás.

¿Desde cuándo el habla de tu boca es veneno?
Es tóxico jugar así y me dejas sin respirar,
sin volar, sin seguir, sin vivir, sin sentir,
sin nada porque solo querés quemar y quemar y quemar.

Llama se extiende.
No podés llamar a tu Dios.
La llama se exparse y nusetro aliento
la alimenta y crece y crece y crece y CRECE.
¿Quién salvará la vida del otro?, ¿vale la pena?.
Me querés muerto, pero nunca lo dijiste.
Mentiste y ahora te querés ir, como sí nada hubiese habido aquí.

Latidos, ya no hay latidos, no hay un choque,
no hay que estar tranquilos, el silencio es sofocante.
El calor se expande y naranja todo se tiñe.
Las sombras se mueven y ninguno se mueve.
Las notas que salen de nuestras bocas
son el crimen que vas a probocar.

Plan, plan, plan, lo planeaste todo sin dudar,
sin nadie que te ayude, que te apoye.
Y se expande y todo se quema y me tenes
prisionero sin dejarme salir.

Muero, muero, muerte es lo que se siente,
y no haces nada para venir a salvarme.
Huís de la luz, de tu creación.
Tu vida importa más, tus actos no son nada de gravedad,
eso es lo que pensas y me dejás morir.

No puedo llamar y la llama se exitiende sin parar.
Muero lento, no hay nada que pueda gritar,
nadie vendrá a salvarme, me muero sin ninguna oportunidad.

25.8.10

La envidia de Eros

No tengo males al escuchar el sonido de tu mano acariciar lentamente mi piel. Ese sonido suave, que siento como "en cámara lenta" es un sonido que me pierde, que me aleja de la realidad y me vuelca en un mundo ficticio, donde soy consciente de que mi corazón es cual escribe ese sentimiento único. No tengo temor a estar solo, porque estar a tu lado siento que no somos uno solo, sino que somos muchos, y estamos protegidos, acompañados, unidos. Aunque caminemos por el valle de las sombras de la muerte, no tengo miedo, no siento temor, no siento olor a putrefacción, porque estas ahí, aferrado a mi mano, aferrado a mi sentimiento, a mi cuerpo. Por que estas aquí, dentro, fuera, profundo, en el fondo de los laberintos donde quien recorrió para matar a aquél Minotauro. Siento que solo entrar, sin necesidad de un hilo que me guíe, sino sentir el perfume de tu cuerpo llevarme y gritarme tu ubicación, y caminar lento, suave, para no ser oído. Para no ser escuchado ni por tu propia sombra. Quiero encontrarte, en un laberinto y poder estar solo sin nadie más que cuatro paredes que quieran ser nuestro confidentes, que estemos en sus miradas, en su protección y contención, y poder amarnos, lento, suave, con pasión. En eternidad y en nuestra mortalidad, en pasión y en dolor, en el frío de la soledad, en las carnes que dejamos atrás, en los placeres que ahogamos en los profundos mares. Sin fantasmas, sin espejismos, sin cuerpos malditos que nos quieran intoxicar. Sin multitudes que nos quieran mirar. Sin terceros que intenten sospechar. Solo esperarte, tenerte y mirarte en silencio para escuchar tu respirar susurrarme tu necesidad de mi alma, la necesidad de mi honestidad, de la verdad y querer crecer con ella. Que el mismo Eros tenga envidia de nosotros y que ni Afrodita pueda desviar nuestra mirada. Para solos ser muchos, para ser uno, para volver a vernos, frente a frente, así escuchar el amor que no pudimos expresar, el amor que tenemos como nudo en la garganta sin quererse expulsar. Estar unidos, sin objeto, situación que nos pueda alejar, más que nuestros corazones decidan cada uno irse de ese tan bello lugar.

3.8.10

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Su cabeza viajaba en el tiempo y juntaba los contextos de dichos momentos, pero su mirada estaba nublada, su mirada no estaba controlada. No tenía ganas, pero en su pasado, diferentes eran. Brillaban hasta en la oscuridad, con calidez iluminada tranquilizaban y comprendían. Le dolían dentro los recuerdos, caminaba con ellos sin poder descansar del desorden que la vida prolongaba, parecía que le hubiesen tomado su cerebro, ya no era quien creía quien era.

El dolor de la muerte

Su cuerpo marcaba, como cual bebé aprende naturalmente a beber leche del seno de su madre, pero diferenciaba su estilo de caminar de las otras masas que se movían sin ser notados más que sumar números a la multitud hipnotizada. En esa calle adoquinada habitaban las luces de los faroles, cuales último mantenimiento fue dos años atrás, tan débiles como el soplido de un anciano queriendo apagar las velas de su torta de cumpleaños. Ese cuerpo de bella figura caminaba con suavidad, oscuro sin mirar, sin ser notado al ir al compás de la gente apurada en esa vereda llena de negocios de dinero barato, quienes bajan sus persianas por la hora en que la tarde se oscurecía a causa de la soledad del espacio invadiendo al planea.

El cielo estaba gris, la noche estaba en su punto más oscuro, las 9:00 PM sonaba en alguna iglesia de la zona. Él caminaba con su campera gris oscura y sus zapatillas gastadas, tenía frío y su rostro pálido notaba cansancio, su voz no sonaba la misma porque parecía estar encerrada hace más de una semana. Solo en su caminar se diferenciaba de los demás, quien caminaba cerca notaba su presencia. Caminaba y caminaba y todo llegaba a 11 segundos porque no estaba. Se lograba escuchar el grito desgarrador, de terror de una madre supiera de su hijo recién fallecido.

No miraba, solo se detenía en los adoquines sin ser capaz de reconocer de que estaban hechos. Caminaba en mirada perdida, como sí no tuviese vida. Su mirada estaba vacía, miraba su interior, una mirada de dolor que contagiaba al miedo y enfermaba a la misma esperanza. Desinteresado, solo quería dejarlo ir, descargar esa energía negativa que lo consumía constantemente.

Muerte violenta, olor a cuerpo quemado y el carbón que sostenía en sus manos ardía en llantos duros, gritos profundos desvestían el alma y su dolor tan grabe. Piensa y sus recuerdos son un gran dolor de cabeza. la muerte no es fácil y recogerla entre manos al cuerpo fallecido es morirse uno. Ese pasado no puede ser superado, quedarán manchadas las manos de la sangre quemada, negra impregnada en la piel. Nunca podrá liberarse de la muerte acurrucada en sus manos.

La mujer clásica

Entre su delicado caminar, su tacón resonaba por aquella calle oscura semitranscurrida. Vestía un hermoso vestido negro y seductor, con su cartea blanca, los colores clásicos nunca quedarían nunca mejor que ahora. Tenía pocos anillos y unos aros modernos, un pelo que pasaba un poco más que los hombros y su sonrisa reflejaba una dentadura cuidada. Ella caminaba sin apuro, sola y confiada. algunas muchas personas eran quienes capturaban la atención de las miradas que se cruzaban. Vestía unos ojos celestes o grises, con la noche encima se complicaba identificar. Pero su piel era latinoamericana y su perfume era natural, sin haber gastado ni un centavo en alguno artificial.
Tan irresistible era el mover de su cabello al soltarse el pelo, tan bellas piernas tenía al caminar, tan bellos labios vestidos de rougue y esas manos que teñidas de esmalte blanco que seducía... nunca estuvo tan bella con tales clásicos, nunca estuvo tan bella con ese negro y cartera blanca.

10.5.10

Moretones

Moretones de sus palabras marcan puñetazos en ese cuerpo inocente. De su voz el sufrimiento, la voz quebrada en búsqueda de ayuda que quiebra sus simientos, pero nadie la reconoce. Él se jacta, no desaparece, mantiene su palabra en alto tono. Así es como mantiene su autoridad en gente que no puede defenderse. Sus insultos son el principio para marcar el incentivo a sus palabras, así levantar la mano y marcar, en morados, el tinte de un dolor. Enciende sus motores y avanza, no se detiene. Afronta débiles porque no puede contra los fuertes o iguales. Comienza y muestra las garras del animal que inventó para protegerse de algo que en su pasado lo compromete.

Pero no más dolor, no más marcas en el rostro, no caminar con lentes oscuros en las calles, no más miedo, no más justificación. No quiere más que su cuerpo sufra sin haber tenido una respuesta del por qué sucedió. Se olvida lo que la felicidad es y le duelen sus recuerdos porque no los tiene, él los destruyó. No dejó ninguna prueba de lo que ella se llevó cuando pensaba que él sería su eterno amor. Todo en aquél incendio que él proboco para borrar los lazos, no se conformó, pero lo calmó.

Fue el primer dolor que reibió, tan grave que él cometió. Se destruyó, lo destruyó, no le importó, solo a él lo tranquilizó. Pero qué será de su sonrisa, qué será de sus cejas al recibir alguna noticia. Hace tiempo que desapareció de las llamadas, de las cartas, del contacto que ella presenciaba. Durante meses se ausentó a los encuentros que algún día prometió. Él la condenó, entre cadenas a ella la esposó, sin su consentimiento, él la atrapó. Sus golpes comenzaron con unos empujones y de un día para el otro no hubo maquillaje que pudiese tapar los morados de su piel. Entiende que todo aqullo acabó, los días buenos eran solo ficción y ahora solo quedan los pedazos de esa relación.

9.5.10

Los golpes sangrientos.

Aquella mujer hablaba en un susurro profundo, era difícil de entenderle a dos metros de distancia, pero su leve tono, el quiebre, el dolor, el llanto que murmuraba era difícil de notar. En ocasiones su caminar se modificaba. Con inseguridad y acecho sus ojos volteaban hacia atrás, para desear no encontrar el golpe que le doliera en su frío caminar. Desapareció por mucho tiempo su presencia.
A casa llegó un día unos minutos tarde de su trabajo, pero, raramente, su pareja estuvo desde temprano en aquél sofá con su musculosa blanca y el control en la mano. Delante de él, donde estaba la mesita de vidrio, un cenicero por la mitad de colillas de cigarrillos y en su mano izquierda se esfumaba el humo del cigarrillo que sostenía. Al lado del cenicero, unas botellas vacías de cerveza de 350ml. y una apoyada, sin estar en posición horizontal, sobre la mesa a medio consumir. El partido de football estaba ahí delante, el juego estaba en mitad de cancha y su resultado era 0-0.
A casa llego un día unos minutos tarde de su trabajo y sucedió. El miedo la inundó. Su pareja fijó su mirada en su entrada y preguntó: "¿Dónde estabas?, llegaste más tarde de lo usual. ¿Siempre llegas a esta hora? ¿eh?, ¿me estabas omitiendo este detalle, mujer?. ¿Pensaste que era idiota?, ¿creés que no me doy cuenta que estas haciendo de las tuyas?. ¡Aquí tendrías que haber estado hace un laaargo tiempo, estando preparándome la comida y dándome la cerveza!. ¿Qué haces ahí parada, nena?, ¡¡movéte!!.". Ella estaba petrificada, su mirada buscaba a dónde ocultarse, pero no sabía dónde. Su miedo la invadió y se quedó petrificada, no podía moverse, quería hacer algo, decir algo, justificarse, al menos una escusa. Pero nada sucedió, ahí se quedó quieta, con su cuerpo temblando sin su voluntad, con sus nervios en un absoluto estado que nunca pudo explicar.
La ira de su pareja aumento considerablemente en unos pequeños segundos, pero aumentó más al ver que el partido de football había de estronar un grito de un nuevo resultado: "¡¡¡GOOOOOOLLLL!!!.". Su equipo perdía en los últimos minutos. De repente agarró la mesa por su alto y su ancho y la impulsó contra la pared violentamente, destrozándose, estallando, muriéndose aquella mesa que a ella le gustaba y  guardaba un sentimiento personal. Las botellas de 350ml. aumentaron el ruido, algunas rotas, otras para aturdir. El polvo voló sobre toda la habitación, aquellas colillas de cigarrillo ya no se encontraban juntas, sino esparcidas. Polvillo comenzó a verse flotar por el reflejo de la luna, cerveza en el piso con montones de vidrios rotos, tanto grandes como chicos.
Su pareja insultó como nunca pudo y el miedo que a ella le invadía era tan inmenso que no sabía que no sabía qué estaba ocurriendo, solo entendía que petrificada estaba. Comenzó a caminar violentamente hacia ella por aquél pasillo de algunos recuerdos donde todo era amor. Quiso correr, pero no pudo, quiso gritar, pero no pudo. Estaba cerca y seguía igual. Una mano abierta venía de su lado izquierdo, impactando contra las lágrimas que caían por su mejilla. ¡Al fin un grito!, ¡al fin pudo moverse!. Su cabeza impactó contra el otro lado de la pared. Una mancha roja pudo ver, todo se modificó, todo ocurrió tan rápido, pero tan lento.
Los golpes que recibió fueron la la causa del por qué su pareja al día de hoy, tras rejas, estaba. El dolor que sintió, la sangre que perdió, su miedo albergado en aquél departamento, su estado en coma por muchos meses. Todo fue tan sangriento, tan desesperante, tan insensible. Su cuerpo tardó en cicatrizar, sus reflejos se perdieron un poco pro haber roto nervios. Tan débil estaba, tan mal. Un aspecto difícil de describir y que su pareja justificó que su conocimiento perdió, sin tener control de su cuerpo.
Él por mucho tiempo ahí se quedaría, ella, en su baño de sangre, a causa de su pareja, en un estado vegetativo la dejó. Sin vida que vivir, sin alimento que nutrirse. Un baño de sangre en el momento de encontrarla y muchas lágrimas derramadas. Su vida había terminado.

26.4.10

Carta imaginaria

Querido ser:

Que miedo me inundó mi propio ser, que frío que tenía y de qué manera me temblaba el cuerpo. Mis ojos suelen moverse más rápido de lo común cuando sucede algunos de esos síntomas. Al escribirte fragmentos de mis verdaderas y absolutas verdades comencé a sentir lo mencionado posteriormente. ¿Nervios?, ¿recuerdos?, ¿sentimientos?, ¿dolor?, ¿miedo?, ¿de nuevo?, que de palabras uno podría preguntarse en un estado como ese de ¿adrenalina? al mismo tiempo. En ese momento me pregunté sí pedirle el celular a una compañera de clases y mandarte ese SMS de citarte en ese lugar a las 10 hs. sin consentimiento de nadie, más que el propio.
Como dijiste, noté tus idas y venidas, tu estado intranquilo, tu nerviosismo absoluto hasta el momento en que te subiste al auto, donde el estar ahí, te tranquilizaste más. ¿A dónde estabas yendo? Estabas yendo a tu paraíso, pero que al tocarme, yo soy el propio infierno, por que sabías algo de lo que te contaría luego. Al mirarme y al comenzar a pasar el tiempo, comencé a quemar tu paraíso y a derretir totalmente esa esencia que quedaba.
Mi pregunta, más que nada, es que ya es la segunda vez que quedas petrificado sin nada más que tu invasión de preguntas que se estancan en la punta de tu lengua y en tu campanilla se atascan todas las posibles afirmaciones, irracionalidades, incomprensibles, sentimientos, y tantos relativos. ¿Por qué no podes decirme nada?, ¿por qué te quedás ahí, sin sacarte aquella bolsa que te esta impidiendo respirar?. Ahí te quedaste, nuevamente, tal cual la última vez que te vi, la última vez que nos permití estar juntos. Estando frío no resolves nada, no lo logras y te vas a quedar con ese recuerdo y yo me siento atado, por así decirlo. Por que vos sos una gran parte de mí y no puedo sentir que, ahora que te conté la verdad, no hayas rematado con tus dudas, con tus cosas, con tus preguntas.
Si, pregunté de cómo andabas, pero tu respuesta fue tan imparcial, tan vacía, sin sentimiento. Sí de tus ojos hubiesen observado mi mirada, que en ese momento me la estabas sosteniendo, podrías haber visto que mis ojos decían que necesitaba de tu respuesta franca y sincera, tal cual fui yo en tu auto y en mi tiempo dentro. Sabía que no podrías de estar tranquilo luego de tal noticia, luego de confesarte esa mentira que cree en tu mundo. Vuelvo a decirte: lo siento por eso. “Por que te vi y estas bien…”. No, no lo estuve. Estoy tranquilo, pero no significa que este bien. Sí de eso me decís que es por la otra persona, no tiene nada que ver aquí, ya que somos vos y yo en esta historia. Te puedo contar las realidades, pero no tiene que interponerse en la relación que supimos crear. De ser así, se contagia de terceros y ellos nunca tienen que ver en una relación.
El celular que te dejé es de una compañera, pero vos quisiste que te diga que era el mío, pero te repetí que no lo era. LA necesidad por enviarme un mensaje o saber de un número dónde contactarme, cerró tu mente para que, automáticamente, te diga: “es SU número.”.
            Supuestamente, cuando uno supera su expectativa, queda vacío. “Tengo que vencer al mejor jugador del mundo.”, “Voy a casarme.”, pero luego la pregunta: ¿qué sucede una vez que cumpliste el objetivo?. Generalmente uno queda vacío, porque se llenó de lo que quería llenarse. Esta vez quedaste aún peor y yo relajado por haberte dicho esa presión que me punzaba en el pecho y gritarte la verdad que me estaba asfixiando. Duele, ¿no te parece?. Duele mucho. Duele que sucedan estas cosas. Duele que termine como uno no lo espera. Tanto vos como yo estamos muy dolidos. Por mí parte, estoy dolido porque soy el que produjo este sentir en vos, esta separación, la mentira que oculté durante meses.
            “¿Por qué?.” te preguntás. Porque te di todo lo que NADIE pudo darte, porque pude mirarte a los ojos y entenderte o escucharte como muchas personas obviaron eso. Porque te quise como a ninguna persona, fuera de mi familia, quise. Porque, en cuanto al sexo, te demostraba cosas que nunca hubieses aprendido en ningún libro ni con ninguna otra persona. Porque mi tacto se diferenció por y durante muchas personas y tiempo. Mi cicatriz ahí quedó, en tu piel, en tu aroma, en tus ojos, en tu manubrio. Porque, por no ponerle un título totalmente enorme, te fuiste “enamorando” de mi personalidad, de mis sentimientos, de mis palabras, de mi cuerpo, del tacto y de TODO, pero absolutamente TODO lo que te fui regalando sin pedir nada a cambio. Y gracias es poco, gracias de muy poco para todo esto que se sintió, gracias es la forma en que puedo agradecer por todo lo que me hiciste sentir y nadie, hasta el día de hoy, me demostró ese sentimiento que tuve con vos. Y de mis gracias, el susurro melancólico del perdón y de disculpas es en absoluto alta voz. Siempre vas a formar parte de mi, sos una persona que me construyó en lo que hoy día soy, en lo que es mi futuro. Soy una consecuencia tuya. SIEMPRE VAS A FORMAR PARTE DE MI VIDA, pero no puedo hacer más que dejarte con mis actualizaciones que en Internet proporciono, porque no puedo volver a verte, por eso lo siento. La única forma que puedo verte es sabiendo que queres verme por tu última vez donde de tu boca salgan las palabras que estas dos últimas veces te prohibiste decirme y actuaste en frío. Sos mi cicatriz.
No sos ni serás ningún cartel de GAME OVER, sino que de el de NEXT LEVEL. Me subiste de nivel y nunca nadie me va a dar, estoy seguro, de lo que vos me diste. La forma de tocarme, de escucharme, de mirarme, de sentirme, de dejarme fluir, de unirnos y ser uno. Y ser uno… Y ser uno. Ahora entiendo una gran diferencia. Con vos fui uno, ahora estoy siendo muchos, tal cual Deleuze [filosofo actual] hizo con su compañero Guattarí. Ellos decían que cuando estaban juntos, ellos no eran UNO, como se suele decir, sino que eran muchos. Creo que esta es una enorme diferencia.
Se que soy una persona, AHORA, que te prohíbe de mi presencia. Pero es que vuelvo débil mi ser, me inclino y no puedo mantenerme firme y fingir una cara, porque la mascara se rompería. La cara de Póker siempre tiene sus falacias.
No puedo hacer nada con tu sentimiento, más que sentirlo en mi corazón, sentirlo aquí, sincero, bello. Pero me debilita y me deja en estados llorosos por recordar dolores antiguos.

Yo, tu antiguedad.

12.4.10

Pasado difuso [Parte tercera].

    Nos reconocimos por fotografías, gracias a los e-mails que nos enviávamos junto a Mohamed, nuestro amigo que nos introdujo. Ese fue nuestro comienzo, fue nuestro principal mantenimiento, nuestra historia, nuestra verdad. Ahí nos conocimos y concretamos un poco más con esos e-mails que entre los tres nos enviávamos, charlando y devatiendo. Así nos conocimos.

    Nos internamos en palabras salientes, en tus explicaciones y tus expresiones, en tus observaciones y en tu querer quedar con imagen impresionante, en aquél primer día que nos cruzamos e intercambiamos palabras. De a poco me fui doblegando a tus ideas y a las de Mohamed. De a poco te iba viendo como una gigante agigantándose, dando pasaos agigantados. Te veía alejarte, lo que sería común para mí verte alejarte y en tal inmensidad. Pero no me quedé observándote, sino que me quedé con una incertidumbre de por qué tanto tamaño y me perseguí a mí mismo para no perderte el paso. Aunque estuviese corriendo a causa de tus pasos, no me detuve y continué viéndote seguir. No me quedé quieto, el mantenerme en tal ejercicio me hizo crecer de a poco, y no solo me fui viendo de lejos, sino que me fui agigantando de a poco y te fui alcanzando con mi agilidad.

    Necesité doblegarme a vos, imponerme a tus palabras y a tu lírica hablar, criticar, filosofar. Observar cómo te movías al caminar, al verte gestionar, articular, expresar las palabras que salían de tu voz, de esa voz tan pura de experiencia. No me cansaría de verte enseñarme y aprender de tu visión arquitectónica, tus visitas por el mundo, tu pasado, tu historia, tu familia, tus pérdidas, tus amistades, tu política, tu secreto, tu miedo. Veo que no quedaba otra disyuntiva, sino que quería aprender con mi boca cerrada y entenderlo, opinarlo y comentarlo. Pero, a causa de quedarme en tan pequeño tamaño, tu atención se fijó en mí por no dejar que des más pasos, dejándote ver mi cara y disparaste con un arma para que me quede. Fuiste interesándote de a poco en pequeñas cosas, pero mi insistencia inmadura de peligro. Te interesó y continuaste, y de a poco tus emociones se quebraron, y por la compasión de ver a un pequeño, te intensificaste, y tu corazón sintió nostalgia, una nostalgia que sentí en mi pecho por la bondad de tu corazón. A causa de mis palabras te fuiste debilitando, te fuiste internando en el mundo de un joven inconcluso. Me mostraste la fealdad, la realidad del proceso judicial, la mano negra que hay detrás, las malas ideas y la injusticia que se muestra, la incapacidad que todos podemos formar para deformar más y más nuestro país. Ahora entiendo porque Argentina esta en el fin del mundo...

    Me demostraste, con constancia, la amargura de mis palabras, la fealdad que toleraba, la realidad que mis ojos tapaban, porque seguía vendado con mis cosas, en mi propio mundo reflexivo e inmaduro. Comenzando a considerar más mí propia vida y no ser tan ingenuo de que todos son distintos, muchos tienen coincidencias, muchos piensan en sí nomás, sin querer el bien para los demás. Me demostraste a dedicarme, a ceder mí tiempo y a aprovechar el tiempo, a sentir los momentos absurdos como el peso del mundo. Y esta consecuencia del pequeño y el gigante fue emparejándose, fuimos quedando del mismo tamaño de a poco, y con ese poco nos queríamos conocer mucho más.

    Y comenzó algo en vos de a poco, que de ciego solo no lo vi, pero lo sospeché. No lo quería porque cumplíamos con el deber de la amistad, pero mi venda me tapaba la historia. Noté que en tus palabras habían más fantasía, más anhelo por una parte, más intención porque explayemos nuestros secretos. Fuimos creciendo, de a poco en poco construimos una nueva estructura. Pero sentí tu perfume en silencio una vez, un momento que inspiró toda relación, un momento que, para mí, mucho duró, tanto que la imagen continúa circulando en mi cabeza, como sí fuese una imagen repetida. Me invadió, invadió cada parte de mi ser, y en mí quedó tu aroma, tu piel, tu transpiración, tu pelo, tu mano. Quedó tu perfume impregnado en mi cuerpo.


    Ahí te tuve por primera vez en mí mente, en mi adentro, en mi cuerpo. Hasta llegar el día donde decidiste decirme todo lo que tu interior sentía. Me invitaste a tomar una cerveza en un día de lluvia, cual nos encontramos en Plaza Italia y caminamos demasiado. Y charlando y charlando, llegamos a una esquina de un bar que conocías. Tu pedido fue una cerveza, el moso, quien te reconoció fácilmente, con gusto te la trajo. Y me quisiste como nunca, te pusiste enfrente mío y me sentí totalmente perdido, totalmente un pequeño y vos un nuevo gigante, un monstruo que quería pisarme, que quería demostrarme. Intentando desviarme, siempre estabas ahí, como enojada, como con un ataque inconsciente de palabras que de a poco a poco me fueron destruyendo. Recuerdo decirte: “YO NO SE QUÉ ESTOY HACIENDO AQUÍ, PODRÍA IRME, PERO ME ESTOY QUEDANDO”. ¿Te pusiste a pensar sí de verdad me hubiese ido ese día?, ¿sí me hubiese levantado e ido, dejándote ahí adentro?. Recuerdo a vos diciéndome y diciéndome, dándome cachetadas en constancia. Pero me quedé porque era la realidad, era tu forma de ver, que muy a diferente a la mía, quise ver otro punto de vista. Dejándome inconcluso, mareado, desorbitado, perdido en un mundo de preguntas, de querer estar solo, de un sentimiento que mantengo en mi pecho. Fue tu primera vez que me hiciste daño.

    Decidiste llevarme a un lugar, cual sabías que querías ir hace mucho tiempo conmigo, tal vez para tocarme o que una fantasía fuese conmigo, algo informal, con miedo a que rechace tal. Pero te enfrentaste a ese sentimiento y me llevaste, accedí y bajamos a total oscuridad, y en aquél cine nos conocimos aún mucho más. Y quisiste tocarme, quisiste verme, quisiste, con un miedo, sentirme más que con mis palabras, gestos, pretextos y demás. Y te dejé, mientras por mi cabeza pasaban millones de sentimientos.

    Te besé, besé a una amiga, una gran amiga, a alguien que acababa de aplastarme, de hacerme sentir nada, de hacer nada. Quería llorar, quería irme, sobrevivir solo. Pero tarde llegué a ese pensamiento. Y ahí estuviste, recibiendo mi beso, con una mirada diferente, de sorpresa absoluta, de sorpresa divina, de un sentimiento quebrado. Un terremoto sucedió, el cual nos dividió en dos, nos dejó inconcientes y comenzamos a actuar, sin que nadie ni nada comience a importarnos. Tuvimos nuestro primer encuentro natural.

    Todo cambió, quisiste volver a verme, volver a tener sexo conmigo, sentir mi sexo, querer mi sexo, sentir mi cuerpo, conocerlo, explorarlo de a poco, verlo sin remera, sentir su abrazo, un beso, una caricia, el tacto, la voz, la dulzura, la contención, el amor. Quisiste conocerme en mis sentimientos, con mis virtudes, con mis defectos, con mis problemas, con mis sentimientos, mis palabras, mi yo. Quisiste conocerme, y lo hiciste, ahí estuve, porque no fue cosa tuya, sino mía.

    Pero para mí, aparte de un hermoso sentimiento fue como una gota negra que llenaba más mí corazón de pena y de tristeza. No era un momento, un buen momento para que sucediese lo que comenzaba a suceder. Pero me arriesgué y ahí me quedé. Para soportar nuevos sufrimientos, nuevas cargas, otro peso agigantado en mí vida.

3.4.10

Historia de la joven mujer

Pero todo es diferente sí nos internamos en la personalidad de una mujer joven y con una necesidad de vida. Es una persona que siempre necesito de un amigo que este cuando su corazón, realmente, necesitase. Ella una mujer que desde chiquita fue muy alegre, su familia siempre se preocupó por ella, por la manera que vivía y sentía. Quisieron darle una muy buena vida, y con su familia lograron más que una familia, sino que hasta personas de su pueblo quisieron mucho a esta familia. Su padre un médico reconocido que siempre quiso el bien sin nada a cambio, de las personas diferentes, de personas que quieren el bien y lo hacen a conciencia.
            Ella, de pequeña, llevaba pelo rubio, brillante y de mucho cuidado, era uno de sus características más salientes de su cuerpo. Le gustaba vestir colores salpicones para alegrar su día constantemente y así viajar en un mundo imaginario. Junto a sus primos, porque no tenía hermanos, disfrutaba de revolcarse por el suelo con tal de perderse en el mundo compartido junto a ellos y disfrutar de los retos y sonrisas que sus abuelos marcaban. Soñaba con recoger todas las estrellas que el cielo sustentaba y adornaba. Esperaba a la noche para ver el cielo bello y se entristecía cuando la nube impedía la vista hacia ellas. En su propio mundo de Alicia y sus maravillas, con sus conejillos y sus cartas mágicas, con su león y su laberinto impreciso. Le encantaba vivir en un mundo lleno de flores y vida de animales que le susurren su nombre. Le encantaba disfrutar de salidas con su padre, de la llegada de él y proponerle sentarse en su sofá y compartir lecturas o películas hasta que su sueño la invadiese y, luego de un día intenso, se durmiese. Vivía intensamente sus juegos, sus delicados dedos se inundaban en querer enredarse en juegos creativos y originales, en poder lograr visualizar los detalles con detenimiento fugaz y entre silencios comenzó a crecer de a poco, junto de la mano de su madre, de su padre, de su familia. Le encantaba poder recordar todos los momentos que en esa época retumbaban las paredes de vida feliz, de naturaleza en sonreír. Junto a sus compañeros de colegio comenzó una vida social un poco más agrandada y visitaba a sus amigas, jugando a vestirse de grande y a tomar te, jugar a las muñecas y hacer de madre con su muñeco bebe. Pero le gustaba jugar al Scrabble o a juegos solitarios como sopas de letra, crucigramas o cosas así.
            Solía ir a la plaza cerca de su casa, acompañada de su sombra, quien pensaba ser su mejor amiga con quien expandir su esencia. Y aguardó tranquila esparciendo semillas en toda la tierra, para que crezcan árboles y el mundo se tinte de colores verdes y marrones, así renacer en un mundo fiel y no inundado de hiel. Jugando en un edén, con todas esas flores hasta el momento de oscurecer, y quedarse a descansar entre ellas y soñar, sentir el aroma que le traía paz, la absoluta tranquilidad sin ningún sonido que la vaya a despertar. Y ahí permanecía con su figura armoniosa, tal cual Caperucita, pero le gustaba el color verde, no el rojo. Despertar en el jardín y ver las estrellas levantarse y brillar, sin un final que interrumpiese el hermoso cuento que contaban las estrellas al hablar, sin que todo se vaya y se queden ahí, sin interrumpir su sentimiento en profundidad, su paisaje por excelencia, su sentimiento y su paz en absoluto.