Desesperado fui a un hospital, sin imagen ni lugar. Solo el camino se logra recordar. Recuerdo la llamada de tu mamá al contestar, avisándome que algo urgente acaba de pasar. Síntomas de muerte avisan que te vinieron a buscar, salgo lo más rápido de mi lugar y no par de recordar que nunca viajé a tal velocidad. Ya en el lugar, salgo del transporte y entro a buscar. Desorientado, desesperado voy a donde me indicó tu mamá. Y lloro, lloro desconsoladamente por la noticia que me acaban de dar.
No hay vuelta atrás, no lo puedo remediar. Me dejaste solo en este mundo infernal, no lo puedo aceptar. Creo que no lo voy a superar y solo hasta el final. Sigo con mi llanto desconsolado, sin que nadie me lo pueda sacar. Pero de la nada levanto la vista, sin poder creer lo que hay frente a mí. Te presentas con la mirada baja, con pelo húmedo después de transpirar tapando tu rostro, me muestra la realidad. Tú estas y yo acá sin querer verla jamás. Me dices `Estoy acá` y mis piernas no dan más. La pared llama a gritos a mi espalda como si estuvieran atraídas, mi imanta hacia ella y me deslizo lentamente hacia el piso.
En ese momento me levanto y me doy cuenta que todo era un sueño, un mal sueño, una pesadilla, algo que no quiero, pero quiero recordar. Ojala no tenga que llegar este momento en el cual tenga que llorar y no sentirlo nunca jamás. Solo con ponerme a recordar, me atrapa la enfermedad. Siempre en mí, nunca me faltaras y nunca te faltaré. Te lloré.
«Para Daniela Núñez»




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